
Pipistrelo
Canta con el xilófono
Pipistrelo adora los cuentos casi tanto como las canciones. Cuelga boca abajo de la viga del porche con un libro entre las alas, leyendo a la luz de los farolillos, y nunca pierde la página, ni siquiera con el mundo del revés.
Cuando llega la noche de Halloween, se sube a su taburete y canta con el xilófono de calabazas. ¡Plin, plon, plin! Cada calabaza tiene su propia nota, y todo el porche tararea su melodía. Todo el que pasa se para a escuchar, y luego a cantar.








